Mare Ignotum (el mar de misterio)


        Los samurais fueron guerreros inspirados en el honor, el deber, la responsabilidad; estaban ligados a un clan al cual protegían y servían y juraban lealtad absoluta… de vida dura y desabrida, en un estado permanente de entrenamiento y bajo un espíritu y una disciplina marcial estricta, pues estaba siempre en juego la propia vida,… En una época de gran inestabilidad debido a las feroces e interminables luchas por el poder entre los diferentes clanes, la muerte se “vivía” a diario… diríamos que se convirtió en el centro gravitatorio del pensamiento, originando un estilo de vida y unos valores peculiares.

        Queremos destacar el sentido de esta “entrega profunda”, que hace contraste con nuestra cultura, mas centrada en “los deseos” (por otro lado, fácilmente frustrables o que frustran si es que estos llegan a cumplirse alguna vez… Nuestra cultura parece estar condenada a la frustración final; fíjense en el ejemplo del fenómeno de masas de la droga, que sería una exasperación del deseo de placer, que viene a demostrar que éste llevado a su extremo no ofrece otra salida que la frustración, pues está fuera de todo encuadre, convertido en un objeto de consumo de masas, y este estar “fuera de encuadre” es propio de nuestra cultura occidental, en las demás se han empleado con un encuadre cúltico o catártico bien definido…).

        Es sorprendente la entereza y la disposición que tenían a entregar su vida, al considerar que la lealtad al clan o al señor feudal o a su superior estaban por encima de su propia persona individual y singular (esto… casi diríamos que es un motivo empírico para suponer la existencia de una realidad distinta al cuerpo, distinta a la simple mecánica de la materia, de lo cósico.) Y en esta línea se forja en aquella cultura un ritual que consistía, nada menos que, en darse muerte a sí mismo, clavándose una daga en el vientre (seppuku). Se quitaba la vida ante el deshonor, ante un fallo en alguna misión o para evitar caer en manos del enemigo, etc… en fin, ante una “falta” según el código de honor de aquella cultura y de esta manera expiaba su culpa y salvaba su honor, demostrando que su corazón era puro y digno. Realmente es heroico y propio de una mentalidad que hoy diríamos que es “de fanáticos”… y lo diríamos con razón. Sin embargo, pensamos que la cultura samurai estuvo impregnada por una especie de filosofía o de ética que buscaba “la verdad universal” (lo que llamaron la vía del Kannagara) , y dentro de una época y unas condiciones culturales singulares e irrepetibles (y por tanto diferente a los fanatismos del mundo actual, en los cuales no vamos a entrar).

        Intentaremos ofrecer una lectura del seppuku, posiblemente uno de los fenómenos peor comprendidos (e incluso vulgarizado) de la cultura samurai. Desde luego, es de lo más peliagudo… Y lo haremos a la luz de la vida del samurai (genuino) y haciendo contraste con nuestra propia cultura… como una metanoia (un cambio, una reforma) que se ofreciera al mundo… esto es: la muerte es una luz que transforma el relieve de todas las cosas, en una onda que todo lo devora y todo lo arrastra… El centro de orientación (hara) se ha desplazado pivotando en un giro de 180º… Los esquemas humanos (demasiado vulgares y grasientos) del ganar y del perder, del éxito y del fracaso han quedado definitivamente secos y rotos… El viaje de la vida acaba y tal vez no haya servido sino para ver la pequeñez de todo, de sí mismo y del mundo, al producirse un “encuentro” con la humildad y la modestia mas absolutas (satori)… Se ha vivido, no para “ganar”, sino para “ganarse” en el honor de “haber servido” desde esta entrega o este “amor” duro y desabrido, y a la vez, densificado y sabroso, que se ha convertido en el por qué de la vida y de la muerte.

        A nuestro sensei y a todos los maestros y compañeros que nos han servido y enseñado desde su experiencia y su entrega.

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