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Benkei el guerrero que murió de pie
Saito Musashibo Benkei era un monje guerrero japonés que sirvió al samurai Minamoto no Yoshitsune, un general del clan Minamoto entre los periodos Heian y Kamakura. Su vida ha pasado a formar parte de la cultura japonesa tradicional por lo que es difícil de distinguir la realidad del mito. Se ha dicho que nació a los 18 meses de embarazo y que era enorme, muy alto, corpulento e incluso deforme.
Siendo muy joven, Benkei recorrió los monasterios de japón en los que aprendió cultura y se inició en el arte de la guerra. Ahí es donde aprendió a usar la naginata. Con diecisiete años se unió a los Yamabushi, unos monjes de las montañas que llevaban capuchas negras.

Dicen que en el puente Goyo de Kyoto Benkei retaba a todo el que pasaba y que cuando iba a conseguir su espada número 1000, el samurai Minamoto no Yoshitsune le venció y se unió a él. Tras años de luchas juntos, el hermano de Yoshitsune se volvió en su contra y se vieron obligados a huir como fugitivos. Siendo rodeados en el castillo del puente Koromo.
Se dice que durante la batalla del río Koromo fueron rodeados en un puente y mientras su compañero Yoshitune se adentraba en el castillo para suicidarse, Benkei resistía en la puerta principal para protegerlo. Los soldados temían atravesar el puente para enfrentarlo porque era letal de modo que atacabaron con flechas incesantemente. Tras haber finalizado la batalla se dieron cuenta de que Benkei había muerto. Su cuerpo estaba atravesado por las flechas pero permanecía de pie. Mirando al frente. Sin el deshonor de huir de la batalla. Una vez se atrevieron a cruzar el puente, el gigante cayó finalmente dando lugar a la leyenda conocida como la “muerte de pie de Benkei”.
¿Es posible la muerte de pie? La batalla tuvo lugar en invierno y, en combinación con el ejercicio físico, el frío extremo la adrenalina se pudo acelerar el rigor mortis. Además es posible que previendo su muerte, él mismo utilizara su naginata para estabilizarse y no caer, antes del colapso inevitable.
Existen muchas obras de kabuki sobre Benkei, sin embargo la información disponible en inglés o en castellano es muy escasa. Me habría gustado dedicarle un artículo mucho más extenso, sin embargo no he encontrado mucho más que lo que viene en la Wikipedia en inglés.
Mare Ignotum (el mar de misterio)
Los samurais fueron guerreros inspirados en el honor, el deber, la responsabilidad; estaban ligados a un clan al cual protegían y servían y juraban lealtad absoluta… de vida dura y desabrida, en un estado permanente de entrenamiento y bajo un espíritu y una disciplina marcial estricta, pues estaba siempre en juego la propia vida,… En una época de gran inestabilidad debido a las feroces e interminables luchas por el poder entre los diferentes clanes, la muerte se “vivía” a diario… diríamos que se convirtió en el centro gravitatorio del pensamiento, originando un estilo de vida y unos valores peculiares.
Queremos destacar el sentido de esta “entrega profunda”, que hace contraste con nuestra cultura, mas centrada en “los deseos” (por otro lado, fácilmente frustrables o que frustran si es que estos llegan a cumplirse alguna vez… Nuestra cultura parece estar condenada a la frustración final; fíjense en el ejemplo del fenómeno de masas de la droga, que sería una exasperación del deseo de placer, que viene a demostrar que éste llevado a su extremo no ofrece otra salida que la frustración, pues está fuera de todo encuadre, convertido en un objeto de consumo de masas, y este estar “fuera de encuadre” es propio de nuestra cultura occidental, en las demás se han empleado con un encuadre cúltico o catártico bien definido…).
Es sorprendente la entereza y la disposición que tenían a entregar su vida, al considerar que la lealtad al clan o al señor feudal o a su superior estaban por encima de su propia persona individual y singular (esto… casi diríamos que es un motivo empírico para suponer la existencia de una realidad distinta al cuerpo, distinta a la simple mecánica de la materia, de lo cósico.) Y en esta línea se forja en aquella cultura un ritual que consistía, nada menos que, en darse muerte a sí mismo, clavándose una daga en el vientre (seppuku). Se quitaba la vida ante el deshonor, ante un fallo en alguna misión o para evitar caer en manos del enemigo, etc… en fin, ante una “falta” según el código de honor de aquella cultura y de esta manera expiaba su culpa y salvaba su honor, demostrando que su corazón era puro y digno. Realmente es heroico y propio de una mentalidad que hoy diríamos que es “de fanáticos”… y lo diríamos con razón. Sin embargo, pensamos que la cultura samurai estuvo impregnada por una especie de filosofía o de ética que buscaba “la verdad universal” (lo que llamaron la vía del Kannagara) , y dentro de una época y unas condiciones culturales singulares e irrepetibles (y por tanto diferente a los fanatismos del mundo actual, en los cuales no vamos a entrar).
Intentaremos ofrecer una lectura del seppuku, posiblemente uno de los fenómenos peor comprendidos (e incluso vulgarizado) de la cultura samurai. Desde luego, es de lo más peliagudo… Y lo haremos a la luz de la vida del samurai (genuino) y haciendo contraste con nuestra propia cultura… como una metanoia (un cambio, una reforma) que se ofreciera al mundo… esto es: la muerte es una luz que transforma el relieve de todas las cosas, en una onda que todo lo devora y todo lo arrastra… El centro de orientación (hara) se ha desplazado pivotando en un giro de 180º… Los esquemas humanos (demasiado vulgares y grasientos) del ganar y del perder, del éxito y del fracaso han quedado definitivamente secos y rotos… El viaje de la vida acaba y tal vez no haya servido sino para ver la pequeñez de todo, de sí mismo y del mundo, al producirse un “encuentro” con la humildad y la modestia mas absolutas (satori)… Se ha vivido, no para “ganar”, sino para “ganarse” en el honor de “haber servido” desde esta entrega o este “amor” duro y desabrido, y a la vez, densificado y sabroso, que se ha convertido en el por qué de la vida y de la muerte.
A nuestro sensei y a todos los maestros y compañeros que nos han servido y enseñado desde su experiencia y su entrega.
Katana, la espada del samurái
Las espadas japonesas, habitualmente conocidas como katanas, tienen una serie de características que las hacen especiales y diferentes a las típicas espadas occidentales. El filo de la misma es enormemente cortante mientras que el lomo es resistente pero blando y flexible. Esto se consigue a través de un complicado proceso de fabricación. Al final del mismo, se cubre la hoja con arcilla, dejando el filo al aire, sin recubrir. Gracias a esto, en el proceso el filo se enfría mucho más rápido que el resto del arma, haciéndolo mucho más duro que el lomo.
Los samuráis solían llevar dos espada, una katana, larga, y una wakizashi, más corta. Por supuesto, cuando esta costumbre se hizo popular, en el siglo XVI, comenzaron a fabricarse ambas espadas de manera combinada, es decir, con los mismos adornos y aspecto. Esta combinación de ambas se conoce como daisho.
Para acabar, un poco de terminología con respecto a la katana o espada de los samuráis:
* Yokote – Es la zona dura y afilada de la hoja. Con lo que se corta, vaya.
* Shinogi – Es la arista de la hoja.
* Mune – Es el lomo de la espada, lo que podríamos denominar canto.
* Boshi – Es la punta, templada, de la espada.
* Hamon – Es la línea de templado. La zona que diferencia las partes que comentaba en el primer párrafo como cortantes y blandas. Es algo similar a una línea que recorre toda la hoja. Por este detalle, y gracias al dibujo que marca dicha línea, se puede identificar al espadero en algunos casos.
* Habaki – Es la virola de la espada, por decirlo de algún modo, une el guardamano con la hoja.
* Fuchi – Es la abrazadera de la espada, por detrás del guardamano, donde comienza la empuñadura.
* Tsuba – Es el guardamano de la espada. En estas espadas, suele ser muy pequeño, a diferencia de muchas de las occidentales.
* Tsuka – Empuñadura de la espada.
* Kashira – Pomo.
* Saya – Es la vaina en la que se guarda la espada.
* Sageo – Es el cordón por el que se ata la vaina de la espada al cinturón del samurái.
El viaje sagrado
Hay veces que tengo la impresión de que hay maestros de aikido que están “demasiado” centrados en su imagen de “poder”, como que obtienen gratificación en su imagen digamos de… “elevado” o “distinguido”, no se… (desde luego, este no es el caso de nuestro sensei, ni de otros maestros o altos grados conocidos por nosotros, y por mi parte esto es algo que admiro).

¡Hombre!, reconozco que uno cuando va trabajando un arte marcial, sea el aikido o cualquier otro, pues va ganando en seguridad en sí mismo y esto se puede traducir en sensaciones de poder, o de sentirse indestructible o invencible… así como a modo de fantasía… digamos como una idea de carácter fantasioso que actúa en nosotros de un modo más o menos subliminal… Pero ya llegados a cierto nivel en el arte marcial pues uno no puede ir de “ganador” (¿de qué?) ni estar “tan con la vista puesta” en el “parecer” o en el “creerse algo superior”… ¡No!, porque, miren, eso es instalarse en algo vacío y maníaco (y es posible que en el fondo se tenga la impresión de que cada vez uno se hunde más en su propia nada, en fin…)
Con esto quiero decir que no podemos instalarnos en la fantasía de que somos formidables y que todo lo podemos,… no es con la imaginación de lo que no se es (ni se puede ser) con lo que se logra el “éxito” pues este viene por estrategias más pragmáticas. Y valen más los defectos propios pero reales que las virtudes imaginadas, pues lo propio aunque sea defectuoso es algo a partir de lo cual se puede construir ya que suponen energías aprovechables valiosas para establecer reajustes o centrarse en posibilidades reales, mientras que lo extraño e imaginado es una fantasía de la que no puede obtenerse nada. Y no pensemos que esto vaya a producir amargura o un descenso en la calidad de nuestro arte marcial; será más bien todo lo contrario, pues asumir lo que uno es - ni más ni menos- con sus potencialidades reales nos libera de falsificaciones y miedos, que es lo que más desestabiliza.

Y… todo esto apunta a que cada uno de nosotros ha de ir construyendo (desde lo propio) su propia versión de realización (una obra propia), por eso ” el viaje sagrado se emprende a solas”, por eso ningún maestro ofrece jamás la verdad.
Creo que aquí queda reflejado el significado del Satori o dicho en otro lenguaje, el Despertar.
”La autorrealización es iluminación. Satori, en el despertar de un sueño. Despertar, autorrealizarse, escudriñar el propio ser, son sinónimos.” Bruce Lee
El Kiai
El Kiai puede ser descrito como el poder potencial que gobierna el curso de la vida humana, y la fuente de energía inherente a la raza humana; en síntesis, la energía de las energías.
La existencia del Kiai y la posibilidad de controlarlo han sido reconocidas desde tiempo inmemorial, aunque siempre esa posibilidad ha sido asociada con las artes marciales y considerada como una suerte de monopolio de la clase samurai, a la cual la gente común no tiene posibilidad de aspirar. De todos modos, esta concepción es errónea, ya que la presencia del Kiai puede ser detectada en todas las actividades del hombre, desde la política al ajedrez. Desde un punto de vista occidental, el aspecto más importante es el método por el cual el poder de utilizar el Kiai puede ser adquirido.

La palabra Kiai está compuesta por Ki, significando “mente”, “resolución”, “espíritu”, y Ai, que significa “unir”. Como sugiere naturalmente esta combinación, denota una condición en la cual dos mentes están unificadas de tal manera que la más fuerte controla a la más débil. Psicológicamente este es el arte de concentrar toda la energía mental en un solo objeto, con la determinación de alcanzar o dominar este objeto; Físicamente es el arte de la respiración profunda y prolongada, como se explicará detalladamente más adelante. Su aplicación práctica es vencer a un oponente con el cual uno se enfrenta cara a cara.
Podemos considerar primero la utilidad del Kiai aplicado a las artes marciales. El Bushido tiene sus bases en la rectitud mental y moral y esta última es la esencia del Kiai. Cuando nuestra mente es injusta, de poco nos servirá el Kiai.

Las artes marciales están divididas en muchas ramas, pero el Kiai es la vida de todas; sin Kiai ninguna puede llegar a la perfección. En la opinión del guerrero japonés, no es el mero arte concreto, si tal expresión es permisible, el que hace posible la obtención de la victoria; el secreto reside en el Kiai. Es el combatiente que consigue control sobre su antagonista el que vence, y no es simplemente el arte de la esgrima o lucha, sino el Kiai quien brinda al combatiente el poder de conseguir ese control. El secreto de las artes marciales japonesas reside en mantener el cuerpo lleno de Ki, con elasticidad en los miembros, y en estar siempre alerta para utilizar la fuerza del enemigo en ventaja propia, empleando la mínima fuerza muscular. “La suavidad conquista la dureza” es una frase que expresa la idea del uso apropiado del Kiai.
El Kiai debe ser ejercido inteligentemente si se desea obtener los mejores resultados. Ahora consideramos al Kiai en conexión con la respiración. Cuando uno expele el aire de los pulmones siente relajarse los músculos y los huesos, mientras que al llenar los pulmones y abdomen de aire, uno es consiente del fenómeno opuesto. Al expeler el aire se pierde vigor, mientras que al inhalar se gana fuerza.
A modo de ilustración, supongamos que usted desea obtener algo hermoso. Esto es lo que se llama Kokoro o mente, o más literalmente corazón. Para obtener ese algo, usted alarga la mano, o su mano alcanza ese objeto obedeciendo la orden de su kokoro. Esto es lo que los japoneses llaman Ki. Cuando su mano alcanza el objeto y usted lo toma y lo acerca hacia sí, tenemos una manifestación de fuerza, o chikara en japonés. Sin la ayuda de cada uno de estos factores, nada podrá ser suyo nunca. Kokoro (mente o corazón) dicta la acción al Ki, y chikara (fuerza) ejecuta el mandato de su mente. El arte del Kiai tiene relación con el desarrollo de este Ki. Cuando el Ki está apagado y débil, no habrá fuerza suficiente para cumplir las ordenes de la mente. El Kiai implica la fabricación de un cuerpo fuerte por medio de una mente fuerte, endurece todo el ser, haciéndolo invulnerable al ataque.
El secreto de la victoria en un encuentro reside en esto: no pensar en vencer sino en no ser vencido. Uno es derrotado, porque trata de vencer. Si no es vencido, la victoria siempre estará de su lado.
Sacado de Condor Karate
Zen
Zen (禅) es el nombre en japonés de una tradición del budismo Mahāyāna, cuya práctica se inicia en China bajo el nombre de Chán (禪).
Es una de las escuelas del budismo más conocidas y apreciadas en Occidente. Con el popular nombre japonés Zen suele aludirse en realidad a un abanico muy amplio de escuelas y prácticas de este tipo de budismo en toda Asia.
Las principales escuelas del budismo Zen propiamente japonés son Rinzai, Sōtō y Obaku. Se distinguen por su especialización en distintas técnicas de meditación como el koan o el zazen.
Origen del budismo Zen
Como toda escuela budista, el Zen tiene sus orígenes en India. La palabra Zen es la lectura en japonés del carácter chino chán (禪), que a su vez es una transcripción del término sánscrito ध्यान dhyāna, traducido normalmente como “meditación”. La influencia de esta escuela llegó hasta Corea, en donde se llama son, y también hasta Vietnam, en donde se conoce como thiền. Nótese que los nombres antes mencionados (a excepción del sánscrito) son distintas pronunciaciones del mismo ideograma chino.
El desarrollo del Zen parte pues de una noción doctrinal en los sutras budistas del mahayana en donde se afirma la preeminencia del cultivo de dhyana como la vía preferente para conseguir el nirvana. El budismo primigenio observaba una progresión en distintos estados de la meditación o jhanas que suceden en un cultivo gradual del practicante. En este contexto, el Zen afirmará la existencia de un acceso directo y espontáneo al último y superior de todos ellos - aquel que precede inmediatamente a la experiencia del nirvana - sin necesidad de experimentar los anteriores, mediante vías de acceso espontáneas y que son ajenas a la intelectualización de lo aprendido o a una noción de crecimiento gradual en el perfeccionamiento espiritual. El Zen es por antonomasia la tradición budista de la intuición y la espontaneidad.
El verdadero corazón del Aikido
Escrito por Pablo Montero en Filosofía el Noviembre 23rd, 2009
El otro día estaba releyendo uno de mis libros favoritos, cuando descubrí un par de párrafos que me parecieron de lo más esclarecedores, en cuanto a la esencia misma de las artes marciales.
El libro es el conocidísimo “Libro de los cinco anillos” de Miyamoto Musashi. Si me permitís voy a hacer una pequeña introducción del personaje para aquellos que aún no lo conozcan.
Musashi era un ronin que anduvo por el Japón feudal a principios del S. XVII. Éste, cuando solo tenía 16 años, participó en la batalla de Sekigahara, con la mala suerte de tomar parte por el bando perdedor. Musashi no solo consiguió sobrevivir a los tres días de autentica masacre a la que fue sometido el ejercito del oeste, sino que además también consiguió escapar de la auténtica caza humana de supervivientes que posteriormente se organizó.

Miyamoto Musashi según Inoue, en su cómic 'Vagabond'
Pues bien, este señor escribió el citado “Libro de las cinco anillos” cuando ya era un anciano, recogiendo en él todo lo que aprendió durante su larga vida. En este libro me he encontrado autenticas joyas, que me han hecho reflexionar sobre el bushido en muchas ocasiones.
Leed con atención el texto literal que a continuación os expongo, extraído del final del capítulo dedicado al manuscrito del fuego:
”Me he concentrado en las artes marciales desde la juventud, entrenando mis manos y mi cuerpo para la maestría de la esgrima, y experimentando toda clase de estados de espíritu. Lo que veo al investigar otras escuelas es que algunas son habladoras pretenciosas y otras llevan a cabo finas maniobras con sus manos; pero aunque puedan parecer buenas para la gente, en ellas no hay en absoluto un verdadero corazón.
Por supuesto, podría parecer que la gente está entrenando el cuerpo y la mente incluso cuando están practicando dichas técnicas, pero se convierten en enfermos de la vía, de una manera crónica y difícil de sanar; son el origen de la decadencia de la vía recta de las artes marciales en el mundo y de su abandono.”
Para no llevar a malentendidos, en ningún momento me estoy refiriendo a otros “estilos” que actualmente hay de entender el Aikido. La única manera de demostrar si una escuela u otra tienen un “verdadero corazón”, sería hacer la criba que hizo el mismo Miyamoto Musashi… Y, sinceramente, no es cuestión de ir hoy en día por los dojos retando a unos y otros.
Lo que quería remarcaros con este articulo es una autocrítica que todos deberíamos hacernos, a la hora de practicar y ayudar a los compañeros en el dojo.
Cuando cierro los ojos puedo verme a mismo, diciéndole a otros compañeros con menos años de práctica: “Pon de esta manera los dedos” o “Intenta agárrame de esta otra forma“. Sinceramente, en esos momentos pienso que tal vez yo también me he convertido en un “enfermo de la vía“. Para enseñar la esencia de, por ejemplo, un ikkyo ya tenemos a nuestro sensei Paco. Y si a la hora de practicar con un compañero, éste no lo hace con una técnica perfecta, quizás sea mejor dejarle que éste lo descubra por sí mismo. De ésta manera nuestro compañero podrá encontrar su propio camino, que en la mayoría de los casos diferirá del nuestro en infinidad de detalles. Quizás existan tantas maneras diferentes de realizar el ikkyo perfecto, como diferentes tipos de complexiones y estados del espíritu existan.
Quería también hacer una mención aparte al terreno de los ataques. Hacerle a un uke otra indicación que no sea la de de realizar un ataque sincero, me parece un error garrafal que puede llevarnos más al entrenamiento de la pantomima que de las artes marciales. Cuando un uke nos ataca de una manera que consideramos absurda o poco eficaz, debemos hacer salir de su error al compañero con nuestra técnica, no con las palabras. Quizás así descubramos algunas veces que el ataque que consideramos fútil y vacío, en realidad no lo es tanto y pone a prueba nuestras habilidades.
En definitiva. Busquemos el “verdadero corazón” del Aikido y de esta manera nunca nos podremos convertir en “enfermos de la vía“.
El Hakama
El hakama (袴, hakama?) es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) creado sobre todo para usar sobre el kimono cuando se cabalgaba para proteger las piernas.
Era tradicionalmente llevado por los nobles japoneses en la época medieval, especialmente los samuráis y tomó su forma actual durante el periodo Edo en donde tanto hombres como mujeres podían llevar el hakama.
La hakama se fija con cuatro tiras (himo); dos largas que provienen de cada lado de la parte frontal y dos más cortas que salen de la parte posterior que tiene una parte rígida llamada koshi-ate (袴止め) que se coloca debajo del obi y ayuda a mantener la hakama en su lugar.
Tiene en su parte frontal siete pliegues, cinco en la delantera (tres a la derecha y dos a la izquierda) y dos en la parte posterior.
Hay varias formas de anudar la hakama:la “forma del guerrero” llamada shin musubi (nudo correcto) que es un nudo cuadrado simple con los finales del himo hacia adentro para que no se muevan al andar y el “método común” o jumonji musubi (diez nudos) que se parece al kanji que representa ese número. En el caso de las mujeres se puede también atar con el “nudo de la mariposa” o cho musubi que es el usado por las jinja maiko.
Plegado
Tanto la colocación como el plegado del hakama responde a todo un ritual (kitsuke) que puede variar según las personas y escuelas, pero que responde por lo general al orden indicado en este apartado. Las correas se pliegan en forma de trenza, una vez el hakama está plegado estas se despliegan a los lados.
- Etapa 1: se repliega la correa inferior izquierda sobre ella misma atravesando el hakama.
- Etapa 2: lo mismo con la otra correa inferior.
- Etapa 3: la correa superior izquierda pasa bajo las dos correas anteriores para salir hacia arriba.
- Etapa 4: seguidamente rodea la parte superior de la correa derecha.
- Etapa 5: y se viene a posar en la parte inferior de la correa derecha superior.
- Etapa 6: la correa derecha superior pasa bajo las otras tres y sale hacia arriba.
- Etapa 7: rodea seguidamente la parte superior de la correa izquierda.
- Etapa 8: y finalmente se posa sobre la parte inferior de la correa superior izquierda pasando por por el nudo formado por la correa superior izquierda..
Simbolismo
En varias artes marciales, sobre todo en Aikido se dice que los siete pliegues frontales de la hakama representan las siete virtudes del bushido : jin (generosidad), gi (rectitud), rei (cortesía), chi (sagacidad), shin (sinceridad), chu (lealtad) y kō (piedad).
Breve historia de los danes y los kyus
Antes de la restauración Meiji, en el Japón feudal de guerras, duelos e intrigas, los maestros de artes marciales no enseñaban todos sus secretos de buenas a primeras. Siempre existía la posibilidad de que un alumno se volviera contra su maestro y le diera muerte fácilmente al conocer sus técnicas más secretas. Así que, con los años, además de la destreza, el maestro también ponía a prueba la dedicación y la fidelidad a la escuela del alumno. Al cabo de varios años, sólo enseñaba sus secretos sin reservas a aquellos que hubieran probado con su trayectoria una fidelidad adecuada. Por ello, los grados se basaban en la cantidad de información que se había transmitido al discípulo hasta el grado más elevado, en el que el discípulo, habiendo probado su fidelidad al maestro, por fin conseguía que le revelara todos los secretos y le autorizara a sucederle o fundar su propia escuela.
La paz de la era Meiji, a finales del siglo XIX y principios del XX, eliminó las reservas propias de una época en la que las técnicas decidían sobre la vida y la muerte de los adversarios. Desapareció entonces la necesidad de proteger los antiguos secretos y los grados pasaron a estar marcados por el aumento de la comprensión y destreza del practicante. Se considera que en esta época fue el maestro Jigoro Kano, fundador del judo, el precursor del sistema de grados dan de las artes marciales, tan extendido hoy en día. Dan significa grado, escalón, y hace referencia a que es necesario pasar por cada escalón de la escala del conocimiento para poder llegar hasta la cima.
Posteriormente, para distinguir el nivel de los practicantes que aún no habían obtenido el primer dan, se fueron introduciendo diferentes gradaciones (kyus) que sirvieran no sólo para que el maestro supiera ubicar en qué grado de evolución se situaba un alumno, sino para que éste se sintiera inscrito en la escala de progresión. De manera que tanto los kyus como los danes se volvieron el referente con el que se podía evaluar la práctica de cada persona.

Según la disciplina marcial o incluso según la escuela, existen diferencias en torno al número de kyus o al color de los cinturones equivalentes, previos a la obtención del primer dan. Hay también escuelas que realizan exámenes de paso de kyu y otras en las que el maestro, valorando el trabajo diario del alumno en clase, conceden los kyus sin el ritual del examen. Donde hay menos discusión es en torno al examen necesario para obtener los grados dan.
A continuación ofrecemos una descripción de un sistema de grados estándar que es común en la mayoría de las artes marciales.
Todo practicante que comienza recibe el sexto kyu, el cinto blanco que simboliza la pureza, la inocencia de aquel que aún no sabe nada. Todo es nuevo para él y debe comenzar imitando las técnicas y el comportamiento en clase de sus compañeros.
Con el quinto kyu o cinturón amarillo ya se comienza a identificar las diferentes técnicas básicas y aparecen los primeros síntomas de ilusión y ganas de progresar al ver los primeros resultados ocasionales en alguna técnica básica.
Los kyus cuarto y tercero, cinturones naranja y verde, se caracterizan por un mayor conocimiento de las técnicas básicas, incluso de algunas desarrolladas. El practicante comienza a ganar seguridad y esto se deja ver en la ejecución de las técnicas.
A partir del segundo kyu o cinturón azul, se empieza a exigir un mayor ritmo de trabajo, de manera que la resistencia física comienza a ser un factor importante. El manejo de las técnicas es ahora mayor y se exige que se ejecuten con soltura y seguridad. Se trata también de un nivel problemático, en el que pueden producirse dos situaciones diferentes. Puede ocurrir que, al crecer la confianza del practicante, éste se vuelva orgulloso y cuestione la técnica de sus compañeros o incluso la de su profesor. Pero también puede ocurrir lo contrario, es decir, que el alumno sienta frustración al darse cuenta de que todavía le quedan muchas cosas por comprender. Por estos motivos, es en estos niveles donde suelen darse los mayores casos de abandono o de búsqueda de otras escuelas o disciplinas, a fin de cubrir las necesidades que no se logran satisfacer debido a la falta lógica de experiencia.
El primer kyu o cinto marrón ha superado ya las anteriores dificultades. Consciente de la cercanía del examen de primer dan, se compromete con seriedad con su práctica y con el dojo, ayudando a sus compañeros y practicando con ánimo y voluntad. Como preparación al primer dan, se exige que el practicante domine todas las técnicas y ejecute un buen ejercicio de trabajo libre (jijuwaza, randori, kumite, etc.)
El significado de shodan (primer dan) es “principio”, lo que sorprende a muchos practicantes, que piensan que el cinturón negro es precisamente la meta. Shodan es el comienzo porque el practicante debe recomenzar su práctica ahora que ya conoce todas las técnicas. Si cree que ya las ejecuta todas a la perfección, probablemente se estanque y no pueda avanzar más. El practicante debe descubrir nuevas dimensiones de las técnicas al darse cuenta de que hay muchos matices que aún no domina, así que debe esforzarse por pulir cada vez más sus movimientos entrenando sin descanso.
Del segundo al cuarto dan se produce un perfeccionamiento técnico en cuanto a la rapidez, la potencia, la fluidez y la precisión. Se produce cada vez una mayor comprensión de los principios que están detrás de las técnicas.

A partir del quinto dan comienza la liberación de la forma, el practicante ya no está atado a un ejecución rígida y mecánica de las técnicas y es capaz de desarrollar nuevas variantes. El tribunal empieza a tener en cuenta no sólo sus conocimientos sino también que éste lleve una vida ejemplar y que se esfuerce por representar y difundir su disciplina marcial.
Juan Luis Varona
Revista Dojo, nº 358-año XXXI
Jigoro Cano. “El abuelo”
Jigoro Cano es el fundador del judo, se puede decir que es el que separo los golpes de la defensa. Nosotros cariñosamente le llamamos el Abuelo.

Judo: Camino a la flexibilidad.
Estos son los Pensamientos y Maximas de Jigoro Kano:
Superar la costumbre de emplear la fuerza contra la fuerza, es una de las formas mas difíciles de entrenamiento en Judo y no se puede progresar sin lograrlo.
El Judo debe estar aquí para el beneficio del hombre, y no el hombre para el Judo (competición)
El Judo es un arte y una ciencia, debe mantenerse por encima de todas las esclavitudes artificiales, estar libre de toda influencia financiera, comercial ó personal.
El mejor uso que se puede hacer de una espada, es el no emplearla, lo peor, servirse de ella.
Existe un principio que se aplique realmente en todos los caso? si, lo hay.
Es el principio de la eficacia, sobre todo en el empleo del espíritu y el cuerpo.
Yo he dado a este principio totalmente general el nombre de JUDO.
Ambición y rivalidad minuciosamente dosificadas, son estimulantes del progreso, pero en grandes cantidades se transforman en veneno destructivo.
La idea de considerar a los demás como enemigos, no puede ser más que locura y fuente de regresión.
El JUDO ha rebasado la escala primitiva de la utilidad para llegar a la de una ciencia y un arte.

El fracaso en la competición o en el entrenamiento no debe ser fuente de desaliento o desesperación. Pero es un signo de necesidad de una practica más grande y de unos esfuerzos sostenidos.
El JUDO puede ser considerado como un arte o una filosofía de equilibrio, tanto como un medio de cultivar el sentido y es estado de armonía y estabilidad.
Los KATAS son la estética del JUDO. En los KATAS se encuentra el espíritu del JUDO, sin el cual es imposible ver la meta.
En toda clase de entrenamiento el punto mas importante es librarse de las malas costumbres.
Cuando uno se da cuenta del poder del JUDO, no puede servirse de él a la ligera, pues puede ser más peligros que una espada.
En la acción, lo principal es elevarse por encima del problema de la vida y la muerte, de la sensación del miedo y de la aprensión.
La estabilidad mental es una inquebrantable calma, es un factor importante en un combate de JUDO, lo sería mas si se tratase de una lucha a muerte.
La habilidad es función de una acción automática inconsciente.
El autocontrol consciente de todos los factores es una cosa imposible, ya que una entrada no dura mas que el tiempo del un relámpago.
El JUDO no debe ser revestido de una etiqueta nacional, racial, política, personal o sectaria.
El estado del Mundo y de los asuntos humanos, actualmente se parecen mucho a los de los principiantes sobre un tapiz de JUDO.
La salud de la vida, depende del juego armonioso de nuestros instintos.
A medida que progresamos en el estudio del Judo, se desarrolla el sentido de la confianza en si mismo, base del equilibrio mental.
La forma de entrenarse depende de una acción consciente, pero la meta del entrenamiento es alcanzar la maestría de la técnica lo que es inconsciente.
La sutiliza en la técnica, la finura en la estética son útiles para la eficacia del arte, pero escapa a toda descripción.
Únicamente con la ayuda y las concesiones mutuas, un organismo que agrupe mayorías ó minorías puede encontrar su plena armonía y realizar serios progresos
Autor: Irene5RBD