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Shitsurei (失礼), o de las buenas y malas maneras en Japón

        Una de las palabras mágicas que uno debe aprender cuando llega a Japón es shitsurei, término que mi diccionario electrónico traduce como “descortesía” o “falta de educación”. En Japón, un país aparentemente amante de los reglamentos, normas, y sets, te suelen contar que siempre es importante evitar cualquier tipo de descortesía hacia el otro, especialmente si es un superior tuyo, ya sea intelectual, empresarial o cronológicamente. Lo divertido del asunto es comprobar que esto no siempre es así, y que frecuentemente los japoneses incurren en descortesías flagrantes, que unas veces hacen reir y otras casi que llorar.

        Desde que he venido a Japón, me he visto en algunas de esas situaciones. En el centro nos organizaron en una ocasión una visita a una familia japonesa. Nada especial, saludos, charla, cena, charla, despedida. Pero en el transcurso de esa actividad pude ver de todo. Después de preparar concienzudamente el lenguaje honorífico (hiperjodido) para que no se me escapara una sílaba, me sorprendió entrar en un ambiente en el que a cada rato me soltaban una bofetada de incongruencia. Por ejemplo, la señora de la casa, que sabía que yo venía de España un mes antes, me preguntó en cuanto nos vimos que si mi país era “aquel que está al lado de Holanda”. Al menos acertó el continente, un gallifante. Poco después, cuando estábamos cenando, apareció uno de los hijos, borracho como un poeta que ha cobrado, y empezó a despelotarse en medio del salón para cambiarse y salir de nuevo a alcoholizarse con un amigo. De camino, me soltó algunos cumplidos gloriosos como que el “Beaujolais noveau” era “uno de los mejores vinos de España”. Más tarde apareció la hija, que quiere ser occidental, y empezó a hablar sobre mí usando el dialecto de Ôsaka más cerrado, para que no me enterara (con la mala fortuna de que sí que me enteré). Para rematar la faena, el padre terminó la cena preguntándome cosas tan corrientes como si tenía casa, coche, trabajo y la vida asegurada. A bocajarro y sin anestesia oigan. Obviamente estaba haciéndome el “test de la muerte”, para ver si me llevaba a la petarda de su hija de su casa y le daba nietos pronto. Por suerte para mi no pude superar el test, cero patatero. Después de eso, el padre no me volvió a dirigir la palabra hasta la hora de la despedida. Un buen cúmulo de Shitsurei.

        Pero no sólo en esta experiencia personal se queda el tema. No amigos, no. El que viene a Japón se encuentra con ciertas actitudes que podrían ser calificadas de falta de educación, pero que curiosamente se etiquetan en el apartado de “un problema de modales o maneras”, en japonés Manâ no mondai マナーの問題. Un buen ejemplo es el Tachiyomi 立ち読み, que es básicamente meterse en una librería y pasarse las horas muertas leyendo de pie un libro o revista sin comprarla. Lo más divertido del tachiyomi es que es harto visible en una cadena de tiendas llamada Book-Off, que se dedica a vender Manga, libros, Cd’s, Dvd’s y videojuegos de segunda mano a un precio irrisorio. Pues bien amigos, en esas tiendas a menudo es difícil andar debido a la cantidad de peña que se pone delante de las estantería de un tomo a 105 yenes a leer el manga para luego no comprarlo. Algo así tengo entendido que está bastante mal visto en España.

        Algunos otros problemas “de modales” se pueden ver en el tren, como por ejemplo a las chicas hipermaquilladas maquillarse con el set completo de churrera de Comansi. O bien sentarse en el suelo en cualquier lugar, moleste o no, habiendo podido pegar alguna que otra vez un rodillazo involuntario en la cabeza de más de uno o una. Esto es conocido aquí como Jibeta 地べた, y lo hace gente de cualquier edad, sexo o condición mental.

        En general hay muchas actitudes a las que no se les da tanta importancia pero que sí suponen una molestia para un occidental, y al contrario. Pero por lo general, casi lo que más fastidia es que algunas personas mayores (también conocidas como “viejos”) te hablen como si por ser occidental tuvieses que ser necesariamente gilipollas. Una vez un tipo en un autobús, borracho como una cuba, empezó a insultarme diciéndome algo que se podría traducir libremente por “España es un asco” (en japonés, スペインは駄目!) mientras me golpeaba con su dedo rechoncho y arrugado el hombro. Es la única vez que he deseado darle una buena hostia a un japonés. Demasiado Shitsurei.

Leido en: http://vidaenmarte.wordpress.com/2009/03/13/shitsurei-%E5%A4%B1%E7%A4%BC-o-de-las-buenas-y-malas-maneras-en-japon/

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El té rojo

        El té rojo es un excelente aliado para la buena salud, todo esto debido a sus grandiosas propiedades, entre las que se cuentan la de ayudar a perder peso, reducir los niveles de colesterol malo en sangre o colaborar con la digestión.

        Se estima que muchas de sus propiedades provienen especialmente del proceso de doble fermentación, que es bastante extendido y en el cual incorpora algunos microorganismos que, a la postre, serían decisivos.

        Según especialistas, para que sus efectos se hagan sentir, está indicado que se consuman, al menos, tres tazas diarias del té. Algo que puede parecer excesivo en el mundo occidental, pero que es absolutamente común en otros sitios.

        A su vez, el té rojo tiene muy pocas contraindicaciones. Básicamente que es una bebida que contiene teína, una sustancia alcaloide estimulante del sistema nervioso central y que aumenta la presión sanguínea, razón por la cual para embarazadas o personas que sufran de hipertensión se recomienda que sea bebido en forma moderada.

        Otro punto de interés relacionado con las contraindicaciones del té rojo viene de la mano de las interacciones que esta bebida produce con otras sustancias. Por ejemplo, mezclado con zumo de pomelo puede incrementar los niveles plasmáticos de teína, acentuando así sus efectos adversos. Por su parte, la leche puede llegar a inutilizar sus efectos antioxidantes. También se estima que podría llegar a afectar la absorción de hierro proveniente de algunos alimentos.

        Se trata de que evalúes los beneficios y contraindicaciones que el consumo de té, puede tener en tu caso en particular. Si el problema es su elevada concentración de teína, puedes probar preparar té sin teína en menos de cinco minutos.

- Desintoxica y depura el organismo. Esto lo hace ideal cuando seguimos dietas de desintoxicación.
- Refuerza el sistema inmune.
- Es capaz de aliviar el mal humor y hasta las pequeñas depresiones propias de los cambios de estación.
- Estimula la secreción de las glándulas digestivas, por lo que facilita la digestión, sobre todo cuando nos hemos pasado en grasas.
- Reduce los niveles de colesterol.
- Activa el metabolismo del hígado.
- Protege de infecciones y tiene propiedades bacteriostáticas.
- Potencia el bronceado.

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El desayuno en Japón

        A diferencia de los desayunos occidentales donde predominan las grasas, el desayuno típico japonés se basa en una dieta con pescado, vegetales, arroz, frutas, soya y té. Comen menos carnes rojas y pollo y no ingieren mucho azucar. Un desayuno tradicional, por ejemplo, consiste en una sopa miso, arroz y un vegetal encurtido. La comida más común, sin embargo, se llama ichi sansai ( “una sopa y tres platillos secundarios”), o sea, sopa, arroz y tres platos de acompañamiento, co una técnica de preparación diferente en cada plato. Los tres platillos secundarios son normalmente pescado crudo (sashimi), un plato a la parrilla y uno cocido a fuefo lento, aunque los platillos al vapor, fritos, al vinagre o marinados pueden reemplazar a los de la parrilla o cocidos a fuego lento. Todo esto va acompañado de vegetales encurtidos y té verde.

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El ritual más contaminante

        La mayoría de japoneses se quedan anonadados cuando se les explica que en muchos países que sufren periodos de sequía, como España, se realizan campañas que animan a los ciudadanos a ducharse en vez de bañarse. “Eso en Japón sería impensable”, explica Rika Furuya, oficinista de 36 años. Todas las noches, Furuya se ducha con agua caliente frotándose el cuerpo con jabón. Una vez aseada, llena hasta arriba la bañera con agua hirviendo y se introduce durante media hora para relajarse. Así es como funciona la costumbre japonesa del baño diario, una tradición secular desarrollada a partir de prácticas sintoístas y budistas que en el siglo XXI contribuye al calentamiento del planeta.

        A los japoneses les cuesta creer que este relajante hábito que consideran muy beneficioso para la salud -y que contribuye a su notoria longevidad- pueda dañar el ecosistema. Sin embargo, datos del Ministerio de Medio Ambiente nipón señalan que calentar el agua es la actividad que mayor energía consume en cada hogar, un 39% del total. Eso viene a suponer parte importante de los 166 millones de toneladas de CO2 que cada familia emite al año en Japón (un 13% del total del país), según cifras de 2005. Por si fuera poco, esos mismos datos también señalan que las emisiones de los hogares se han disparado con respecto a 1990, aumentado un 30%.

        ”Si el agua no escalda, no es un baño japonés de verdad”, explica Furuya. Su casa, como la mayoría en este país, utiliza una estufa para el baño. La factura del gas resulta asequible en Japón y por ello, según un estudio del Ministerio de Medio Ambiente de 2008, sus ciudadanos no tienen conciencia real de lo que consumen.

        Como el hábito nacional del baño está muy lejos de ser cuestionado, el anterior Gobierno del Partido Liberal Demócrata inició campañas de sensibilización animando a las familias a ducharse durante menos tiempo y a compartir el mismo agua de la bañera. También se ha alentado el uso de la energía solar térmica -cuya instalación resulta muy costosa- para calentar el agua o el de medidores electrónicos que indican el consumo y su coste, y alertan del despilfarro. Estos últimos resultan cada vez más populares, aunque no tanto como las bombas de calor eléctricas de alto rendimiento, el llamado sistema EcoCute, que reduce en un 30% el consumo y en un 50% las emisiones.

        Aunque el coste del sistema sigue resultando alto (cada bomba cuesta unos 3.800 euros), el anterior Gobierno se marcó como objetivo la instalación financiada de 5,2 millones de aparatos en hogares y recintos comerciales para 2010. Se llevan vendidas dos millones.

        El nuevo Gobierno del primer ministro Yukio Hatoyama, que ha prometido reducir las emisiones en un 25% para 2020 con respecto a 1990, está estudiando aplicar un mayor gravamen a las energías menos limpias. La medida supondría un menor despilfarro en los hogares. Pero también amenazaría con hacer desaparecer a toda una institución nacional como son las casas de baños públicos, llamadas sento, tremendamente populares en Japón; a ellos acuden incluso aquellos que tienen bañera en casa porque son un importante foco de socialización. Muchas sento aún utilizan combustibles fósiles para calentar sus enormes bañeras, y por ello su supervivencia podría verse amenazada.

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