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Recupérate de la Navidad
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Enero 5th, 2010
Aunque John Kellogg sabía un par de cosas sobre desayunar cereales, era un pésimo nutricionista. El “genial” Kellogg descubrió en el siglo XIX que las bacterias que se alojan en el colon durante más tiempo del necesario “intoxican” el organismo. Así nacieron las dietas de desintoxicación o depurativas, que todavía hoy tienen bastante predicamento, por más que los conocimientos de Kellogg sobre nutrición fueran más pequeños que un copo de avena.
La dieta de la piña, la del agua, la del sirope de salvia o el ayuno a rajatabla son discípulas de Kellogg y recuperan una idea suya y de los “Adventistas del Séptimo Día”, la secta a la que pertenecía: hacer penitencia gastronómica redime los pecados que uno haya podido cometer.
”Al restringir lo que usted come por un periodo de tiempo puede librar a su cuerpo de cualquier toxina acumulada y, probablemente, deshacerse de unos cuantos kilos”. Esta frase está sacada de una web que propone “purificar” el organismo bebiendo zumos naturales durante tres días. Puedes encontrar dietas parecidas en algunas revistas (se suele vender como la “dieta detox”), en tiendas naturistas y en farmacias. Te contamos toda la verdad sobre ellas.
¿La dieta “detox” funciona?
De hecho, la “desintoxicación” es un verdadero negocio que incluye centenares de remedios: mascarillas, champús, purgantes digestivos y remedios homeopáticos. También hay clínicas de desintoxicación, vacaciones de desintoxicación y dietas de ayuno (así como suena). La pregunta es: ¿funciona de verdad algo de todo eso?
Un equipo de la BBC se hizo recientemente esta pregunta y quiso averiguarlo involucrando en la investigación a los hospitales Queen Charlotte y Hammersmith (Reino Unido), así como a varios nutricionistas. Su conclusión fue que “no hay pruebas convincentes de que matarnos de hambre nos libre de las toxinas”. Uno de los expertos consultados, el profesor Edzand Ernst, especialista de la Universidad de Exeter, es todavía más tajante: “el concepto de desintoxicación es inverosímil, está por demostrar y, además, es peligroso”.
Para algunos, la desintoxicación consiste, directamente, en matarte de hambre: al no comer durante un par de días, se supone que detienes el abuso constante con el que ha de apechugar tu organismo normalmente. Eso le da la oportunidad a tu cuerpo de limpiarse de toxinas. Puedes sentir náuseas, pero eso es sólo “porque todas esas toxinas están pasando al torrente sanguíneo”. Los defensores del método (y aquí entrarían desde vegetarianos estrictos, hasta los fanáticos de los alimentos orgánicos y de la medicina “alternativa”) afirman que el agua es un componente esencial del proceso que “ayuda a arrastrar las toxinas”, dicen, “para luego orinarlas”. Pero, en realidad, nada de lo anterior tiene fundamento. Si sientes naúseas es porque tienes el estómago vacío y no porque el agua “milagrosa” que bebes arrastre las toxinas al torrente sanguíneo, aunque suene muy poético.
Seamos positivos
Dejemos las cosas claras: estas navidades te has puesto hasta arriba de comida, bebida y otros “tóxicos” (capítulo que englobaría desde el café hasta algunas sustancias que las autoridades sanitarias no recomiendan). Y quieres hacer algo al respecto, claro.
”Esto es como correr un maratón”, pone como ejemplo el Dr. Javier Aranzeta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). “Cuando acabas”, añade, “es necesario dar un par de días de descanso al organismo”. Pero correr una maratón no implica pasarse tres días tumbado en la cama o, en el caso que nos ocupa, no comer nada. En lugar de eso, “es mejor pasarse un fin de semana o, a lo sumo, tres días, comiendo entre 1.000 y 1.500 calorías, dando prioridad a alimentos ricos en agua y en fibra que cubran tus necesidades energéticas de glucosa y glucógeno y que impidan que el organismo tenga que captar aminoácidos del músculo”, señala Aranzeta.
Abel Mariné, catedrático de Nutrición y Bromatología en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, está de acuerdo: “ayunar para purificar el cuerpo es un sinsentido: no por no comer se eliminan más toxinas”, interviene.
Qué comer “el día después”
Algunos alimentos tonificantes son las verduras, la macedonia de frutas (es mejor que el zumo ya que aporta mucha más cantidad de fibra, ideal para alimentar a las colonias de bacterias beneficiosas que aloja el intestino grueso), los caldos, la compota, el yogur o el pescado a la plancha. Si quieres un “superalimento” para las mañanitas tristes, apunta el caldo de alcachofa, un alimento perfecto para “el descanso del guerrero”, en palabras de Aranzeta, ya que es muy digestivo y balsámico, pues aporta residuo sólido y líquido.
En cuanto al agua, “hay que hidratarse pero, a partir de un límite, el organismo se sobrecarga, y le obligas a trabajar más de la cuenta, con el estrés consiguiente. El test que resuelve si uno está haciendo bien las cosas es orinar del mismo color que el aceite de girasol: si es más claro, te estás pasando, mientras que si te sale más oscuro, necesitas beber más agua”, explica el doctor Aranzeta.
La verdad sobre la comida
La segunda manera que tienen los partidarios de la “purificación” de “desintoxicarse” consiste en apostar por productos orgánicos que hayan sido cultivados sin fertilizantes artificiales, pesticidas ni antibióticos. Eso y vetar los alimentos procesados, la sal, el azúcar, el té, el café (los más radicales, ni siquiera lo admiten descafeinado), la carne roja y las bebidas a base de concentrados.
En un curioso experimento que aparece recogido en “La verdad sobre la comida” (editorial Salamandra, 21,50 €), un equipo de científicos (los más insignes expertos en toxicología del Imperial College de Londres) reclutó a un grupo de jóvenes de entre 19 y 33 años que habían asistido durante un fin de semana a un festival musical al aire libre. Algunos de ellos se habían revolcado por el barro, con eso está todo dicho. Pues bien, los científicos internaron temporalmente a los “fibers” británicos en varias casas de campo y les suministraron una dieta orgánica que no incluía ninguno de los alimentos que citábamos antes.
Tanto al principio, cuando los reclutaron en el barro, como al final, les hicieron diferentes análisis para comprobar su “carga tóxica”. Pues bien, después de medir el nivel de creatina en la orina, la función hepática y de medir las concentraciones de aluminio (un metal de uso frecuente en las cajas de comida para llevar que vendían en el festival) y los niveles de antioxidantes en sangre (las vitaminas C y E), no se apreció ninguna diferencia entre los dos grupos. Así pues, la dieta de desintoxicación no tuvo efecto alguno. Los hígados y riñones funcionaban igual de bien en el grupo no desintoxicado que en el otro. Los dos presentaban concentraciones parecidas de vitaminas antioxidantes. En la práctica, el régimen de desintoxicación estricta no suponía ninguna diferencia.
”Realmente, todo puede ser tóxico si se ingiere desproporcionadamente; hasta el agua puede envenenar si se toma demasiada”, apunta Abel Mariné, que aprovecha para citar a Paracelso, médico y alquimista del siglo XVI: “sólo la dosis determina que una cosa sea o no veneno”. Por este motivo, cuando se trata de toxinas, la medida es muy importante.
Agua va…
Es lo que le pasó, por ejemplo, a Jacqueline Henson, que falleció hace un año en Inglaterra después de beberse cuatro litros de agua en menos de dos horas. Como os informamos en su momento en www.menshealth.es, Jacqueline seguía la “lighter life” o “dieta del agua”, con la que pretendía bajar unos kilos y “limpiar” el organismo. Para conseguirlo, debía beber cuatro litros de agua al día, aunque ella se los bebió en menos de dos horas porque “no tenía tiempo”. Su único alimento consistía en unos batidos que comercializaba la empresa promotora del disparate y que le proporcionaban 500 calorías al día, una tercera parte de las que necesita cualquier persona por el mero hecho de estar viva. Así que se bebió cuatro “litronas” de agua, sufrió una hinchazón del cerebro que le causó un colapso y abandonó este mundo (en la posterior investigación, Brian, su marido, declaró que antes de empezar la dieta se había realizado un chequeo completo y que se encontraba en perfecto estado).
Abel Mariné ha dedicado un libro (”Saber popular y alimentación”, editorial Portic, 19,10 €) a las falsas creencias que rodean a la comida, por lo que sabe muy bien que también la resaca cuenta con su propia retahíla de remedios milagrosos: tomar vitamina C (o B) un día antes de ir de fiesta para mitigar los efectos del alcohol; beber una cucharada de aceite antes de pedir la primera copa; tomarse un “Almax” para no dar positivo en los controles de alcoholemia; sorber un café después de la última copa para eliminar los efectos del alcohol; ingerir suplementos dietéticos basados en la borraja y en el higo chumbo…
El antídoto para no ver doble
La mala noticia es que una reciente investigación concluye que la resaca no tiene cura. El estudio, llevado a cabo por Rachel Vreeman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana (EE.UU.) y que ha aparecido publicado en la revista British Medical Journal, destaca que “no hay evidencia científica que demuestre la validez de ninguna cura o medida de prevención eficaz contra la resaca”. Según los investigadores, sólo hay una medida infalible: consumir alcohol con moderación o, simplemente, no beber. “Nuestra conclusión es que el propanolol, el tropisetron, el ácido tolfenámico, la fructosa, la glucosa y los suplementos dietéticos, como los basados en la borraja o el higo chumbo, fallan a la hora de curar de forma efectiva la resaca”, señala Vreeman.
En cuanto al agua, aunque es muy importante hidratar el cuerpo tras una intoxicación etílica, por más que uno beba un gran volumen de líquido no elimina antes el alcohol del cuerpo, “ya que el organismo metaboliza 6 o 7 gramos de alcohol por hora, y este proceso es imposible de acelerar”, aclara Abel Mariné.
Entonces… ¿cuál es la buena noticia? Pues, seguramente, que todo tiene remedio, incluso pesar tres kilos más después de las Navidades y, para colmo, ver doble. No hay nada que no cure el descanso, la buena alimentación y el ejercicio físico. Esa es la única verdad que deberías creerte. Ahora bien, puedes escribir a los Reyes Magos y pedirles un milagro. Si te funciona, acuérdate de contárselo a tus amigos…
Cada 15 cigarrillos, una mutación en un fumador
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Diciembre 16th, 2009
Las huellas del tabaco y de la luz ultravioleta, en forma de miles de mutaciones, se han encontrado claramente en los primeros genomas completos del cáncer de pulmón y del cáncer de piel, respectivamente, que se acaban de presentar. El número de mutaciones encontradas en el cáncer de pulmón indica que el fumador adquiere una mutación cada 15 cigarrillos fumados, aproximadamente.
Todos los cánceres están causados por mutaciones en el ADN de las células que se vuelven cancerosas, mutaciones que se van adquiriendo a lo largo de la vida. Los estudios, que publica la revista Nature, revelan por primera vez prácticamente todas las mutaciones correspondientes a cada uno de los dos cánceres estudiados, así como los esfuerzos del organismo para reparar las mutaciones y evitar la progresión hacia el cáncer sintomático. Para ello se han utilizado técnicas de secuenciación masivamente paralelas y se han comparado los genomas de tejidos cancerosos con los de tejidos sanos.

En el genoma del cáncer de pulmón estudiado, correspondiente a una célula de la metástasis en la médula ósea de un varón de 55 años, se han hallado más de 22.000 mutaciones, mientras que en el del melanoma maligno, procedente de un varón de 43 años, el número de mutaciones es de más de 33.000.
”Estos son los dos cánceres más importantes en el mundo desarrollado cuya causa principal conocemos”, explica Mike Stratton, del Proyecto Genoma del Cáncer del Instituto Sanger de Wellcome Trust , institución que ha dirigido ambos estudios. “Para el cáncer de pulmón, es el humo del cigarrillo y para el melanoma maligno es la exposición a la luz del sol. Con las secuencias genómicas obtenidas hemos podido explorar profundamente el pasado de cada tumor, y descubrir con notable claridad las huellas de estos mutágenos ambientales, que se depositaron años antes de que el tumor fuera visible”.
”También podemos”, añade este científico, “ver los intentos desesperados de nuestro genoma para defenderse del daño causado por los 60 compuestos químicos mutágenos del humo del cigarrillo o por la radiación ultravioleta. Nuestras células luchan desesperadamente para reparar el daño, pero frecuentemente pierden la batalla”.

La acumulación de mutaciones no da lugar automáticamente a un cáncer, y todavía falta saber cuáles son las decisivas. “En la muestra del melanoma podemos ver una gran firma de la luz del sol”, dice Andy Futreal, del mismo equipo. “Sin embargo, en ambas muestras, como hemos producido catálogos prácticamente completos, podemos ver otros procesos más misteriosos que actúan sobre el ADN. En algún sitio entre las mutaciones que hemos encontrado están las que hacen que las células se conviertan en cancerosas. Hallarlas será nuestro desafío para los próximos años”.
”A los casi 10 años de la primera secuencia completa del genoma humano todavía estamos obteniendo beneficio de ella, y nos queda mucho por hacer para comprender los escenarios modificados que significan los genomas del cáncer”, señala Peter Campbell, director del estudio del cáncer de pulmón. “El conocimiento que extraigamos en los próximos años tendrá efecto sobre los tratamientos y cuando identifiquemos todos los genes del cáncer podremos desarrollar nuevos medicamentos que tengan como diana los genes mutados y saber qué pacientes se beneficiarán de estos nuevos tratamientos”.
”Éste es el primer vistazo del futuro de la medicina del cáncer, no sólo en el laboratorio sino en la aplicación clínica”, asegura por su parte Mark Walport, director de Wellcome Trust, la gran institución benéfica británica.
Leido en El Pais
Muerte súbita: El gran enemigo
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Diciembre 12th, 2009
Por mucho que en los últimos meses se hayan empeñado en hacernos creer lo contrario, Daniel Jarque, defensa central y capitán del Espanyol, no fue una víctima más de la muerte súbita del deportista. Que no cunda el pánico. Ni tenemos preparada una jugosa teoría conspiranoica, ni vamos a subirnos al carro de esos programas carroñeros que se lanzaron en picado sobre el cuerpo, aún caliente, de Antonio Puerta. Pero lo cierto es que Jarque no debería formar parte de la lista más negra del fútbol internacional. Esa en la que el mencionado Puerta (22 años) forma triste equipo con Miklos Feher (24), delantero del Benfica, Serginho (30), zaguero del Sao Caetano, Catalin Hildan (24), jugador del Dínamo de Bucarest, Vladimir Dimitrijevic (20), jugador del Estrella Roja de Belgrado, Manuel Mondaca Silva (16), portero de la selección de fútbol chilena Sub’17, Andrei Pavistski (17), del Arsenal Kiev, Hugo Cunha (28), centrocampista del Uniao de Leiria portugués, Mohamed Abdelwahab (23), defensa de la selección egipcia, o Marc-Vivien Foé (27), el tristemente célebre jugador camerunés que en julio de 2003 cayó desplomado mientras disputaba un encuentro de la Copa de las Confederaciones.
”A diferencia de todos estos atletas”, asegura el Dr. Pedro Manonelles Marqueta, Coordinador del Registro Nacional de Muerte Accidental y Súbita en Deportistas y Presidente de la Federación Española de Medicina del Deporte, “Daniel Jarque no estaba sobre el terreno de juego cuando falleció. En realidad, llevaba más de 24 horas en su hotel, por lo que la suya no puede considerarse, de ningún modo, una muerte súbita del deportista (MSD). Fue una muerte súbita a secas”. “Ambas”, detalla este experto, “acontecen de una forma inesperada, y se producen apenas dos horas después de la aparición de los síntomas; pero la primera siempre sorprende a la víctima mientras se ejercita”.
Víctimas de perfil
Sin duda, Manonelles sabe de lo que habla. Es una de las máximas autoridades en la materia de nuestro país, y desde su puesto en el Registro Nacional ha coordinado un esclarecedor estudio sobre el tema. El informe, basado en 180 fallecimientos producidos en España entre 1995 y 2006, demuestra, para empezar, que a pesar de la atención mediática que suscitan casos como el de Puerta, la inmensa mayoría de las víctimas de esta silenciosa asesina no son atletas de elite, sino ciudadanos anónimos que, eso sí, tienen algunas cosas en común. La primera, su sexo.

En 164 de los 180 casos estudiados el fallecido era un hombre. Un escalofriante 91%. “Realmente”, reconoce el Dr. José Naranjo Orellana, Secretario de la Federación Española de Medicina del Deporte, “no sabemos por qué se da este desequilibrio. Quizás se deba a que la MSD acostumbra a estar relacionada con las patologías cardiovasculares, que se ceban especialmente en los varones”.
Siguiendo con las coincidencias, la mayoría de los fallecidos estaba jugando al fútbol (40), practicando ciclismo (39) o haciendo atletismo (24). “De todas formas”, apunta el Dr. Manonelles, “esto no debería llevarnos a conclusiones precipitadas, ni, mucho menos, a demonizar estos deportes. Lo más probable es que acumulen más víctimas de MSD simplemente porque son los más practicados en nuestro país”. Los estudios parecen darle la razón a este experto. Así, en uno realizado en EE.UU. el baloncesto (68%) y el fútbol americano (76%) aparecen como los principales “sospechosos”. En otro trabajo, esta vez irlandés, la palma se la llevan el golf (31%) y el fútbol gaélico (21,5%). Un tercero, realizado recientemente en Italia, demostró, no hace falta ser demasiado avispado para adivinarlo, que el fútbol estaba detrás del 44,8% de los casos. En la edad, también hay coincidencias. La mayoría de los fallecidos tenían 20 años o menos (el 25?4%), o habían superado la barrera de los 40 (el 26?06%). “Son edades”, aclara el Dr. Naranjo, “de incorporación a la práctica deportiva, o de reinicio de estas actividades”.
Suficiente. Con toda esta información en nuestras manos, ya podemos atrevernos a trazar el retrato robot de la víctima de la MSD: hombre de unos 36 años, deportista aficionado, que practica fútbol, hace ciclismo o corre, y que, un buen día, cae fulminado? ¿sin ninguna razón?
A sangre fría
La pregunta retumba en nuestra mente cada vez que abrimos un periódico y nos damos de bruces con un nuevo fallecimiento de este tipo: ¿por qué? ¿Qué provoca que el corazón, aparentemente sano y fuerte de un joven deportista deje de latir de repente? “Estas informaciones nos impactan mucho porque se supone que los atletas son el paradigma de la salud… pero una persona sana no se muere”, afirma tajante el Dr. Ignacio Fernández Lozano, Secretario de la Sección de Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología. “Si se ha producido el fallecimiento es porque existía un problema previo no diagnosticado. Frente a lo que se acostumbra a pensar, la intensidad del ejercicio no tiene la culpa de nada”, añade este experto. Las estadísticas lo avalan. Diversos estudios demuestran que entre el 74 y el 94% de las MSD se deben a problemas cardiovasculares. Pero, ¿qué pasa entonces con ese 26 o 5% de autopsias blancas (en las que no se puede determinar la causa de la muerte)? “Bueno”, responde Fernández, “es muy difícil hacerle un electrocardiograma a un corazón muerto…”.

De acuerdo… Sustituyamos entonces una pregunta por otra: ¿cómo es posible que, a pesar de las exhaustivas revisiones y exámenes a los que se someten estos deportistas, nadie descubra ninguna anomalía? Turno de nuevo para el Dr. Fernández: “de entrada, porque la principal causa de la MSD, la miocardiopatía hipertrófica, provoca los mismos síntomas que la práctica deportiva: un engrosamiento del corazón. Además, otras de las enfermedades implicadas son evanescentes, es decir, no tienen una presencia continua, por lo que es difícil pillarlas, por ejemplo, con un electrocardiograma. Para acabar de arreglarlo, existen patologías que cuesta muchísimo diagnosticar en vida?”. “De todas formas”, tercia el Dr. Naranjo, que trabaja con atletas de elite en el Centro Andaluz de Medicina del Deporte, “a los atletas profesionales, al menos hasta hace poco, no se les exploraba tanto como la gente acostumbra a pensar”.
”Es un tema difícil?”, prosigue meditabundo este experto. “En los medios se habla mucho de las muertes, pero poco de decisiones como la de Rubén de la Red, ex jugador del Real Madrid, que, después del susto que tuvo, se replanteó las cosas y ahora está prácticamente retirado”. “A otros deportistas de primer orden”, continúa Naranjo midiendo las palabras, quizás consciente de que su franqueza está a punto de traicionarle, “también se les han detectado factores de riesgo, pero han decidido seguir adelante con su carrera. En cualquier caso, ¿cómo le dices a un chaval de veinte años que renuncie a un futuro de éxitos deportivos, económicamente tan jugoso?”.
A pie de obra
Pero despidámonos de ese mundo repleto de fama y dinero, y volvamos a la calle o, mejor dicho, a los gimnasios. Visto lo visto, a nosotros, simples deportistas de a pie, ¿no nos queda otra que echarnos a temblar y persignarnos cada vez que nos subamos a la cinta? “Para nada”, tranquiliza el Dr. Manonelles, “aunque no se conoce con exactitud, la prevalencia de la MSD es muy baja: entre 0,25 y 0?5 casos por cada 100.000 habitantes al año”. “En realidad”, apunta el Dr. Naranjo, “el sedentarismo mata a muchísima más gente que la MSD, pero claro, eso no vende tantos periódicos?”.

Ata en corto a tu hipocondría, échale un vistazo a nuestros consejos para alejarte de la muerte súbita del deportista, y céntrate en otros problemas, mucho más terrenales, que también te acechan en el gimnasio.
La muerte súbita puede sorprender a cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier momento. No lo decimos nosotros. Lo afirman los expertos en la materia, que también sostienen que si la población general supiera realizar maniobras de resucitación, el número de víctimas mortales sería sensiblemente inferior. Le pedimos al Dr. Pedro Manonelles, Coordinador Nacional del Registro Nacional de Muerte Accidental y Súbita en Deportistas, que nos proporcione las herramientas necesarias para, llegado el caso, poder salvar una vida (o al menos intentarlo).
No pierdas el tiempo. No hagas conjeturas sobre lo que le está pasando a la víctima y ponte siempre en lo peor. Piensa que sólo tienes cuatro minutos. “Pasado ese tiempo”, confirma el Dr. Manonelles, “la víctima fallecerá o sufrirá daños cerebrales irreversibles”. Así las cosas, pide que alguien llame al 112 y ponte manos a la obra.
Inspecciona. Acércate a la víctima y comprueba si respira, si tiene pulso o si responde a estímulos externos. Si la respuesta es negativa, pasa al punto 3.
Hazle el boca a boca. Tumba a la persona boca arriba, y extiéndele bien el cuello llevándolo hacia atrás. Tápale la nariz con una mano (para que el aire no se escape por ella) y, con calma, exhala aire en sus pulmones. Búscale el pulso en una arteria importante (la femoral o la carótida) y, si no hay latido, pasa al punto 4.
Practícale un masaje cardíaco. Asegúrate de que la víctima esté tumbada sobre una superficie dura para que sea lo más efectivo posible. Extiende los brazos, y coloca las manos cruzadas un poco más abajo del centro de su esternón. Sirviéndote del peso de tu cuerpo, presiona ese punto a un ritmo ligero (unas cien veces por minuto), intentando que el tórax se hunda alrededor de 3 centímetros. Por cada 15 movimientos, haz dos respiraciones boca a boca. Si no responde, pasa al punto 5.
Utiliza un desfibrilador. Tranquilo, es mucho más fácil de lo que parece. Poca gente sabe que estos aparatos “hablan”. Si puedes hacerte con uno, te irá indicando, paso a paso, lo que debes hacer en cada momento.
El Dr. José Naranjo Orellana, Secretario de la Federación Española de Medicina del Deporte, se muestra benevolente y sostiene que “en general, las revisiones que nos realizan en los gimnasios son suficientes para detectar los problemas más habituales”. Nuestra experiencia, y los comentarios de nuestros lectores en el foro de menshealth.es, nos demuestran que estas revisiones no son siempre tan exhaustivas como nos gustaría? Para muestra, un botón: que levanten la mano los deportistas amateurs que hayan tenido que enfrentarse a un electrocardiograma en reposo, a un análisis de sangre o a una valoración del riesgo cardiovascular antes de empezar a machacarse. Pues eso?
Para evitar males mayores, le pedimos al propio Dr. Naranjo que nos describa el “examen” perfecto.
Toma buena nota, te puede ir la vida en ello:
La historia clínica
Le ofreceremos a nuestro médico del deporte valiosas pistas que le permitirán descubrir, entre otras cosas, si es probable que acabemos sufriendo problemas cardiovasculares. Si en tu familia existen antecedentes de síncopes, taquicardias o muertes repentinas, no dejes de comentárselo a tu especialista? y empieza a tomártelo con calma.
La exploración
Ya te sabes los pasos de memoria. Se parece mucho a las revisiones que te hacían en el cole: te pesarán, te medirán, te palparán el abdomen? Esta vez, eso sí, y más si superas la treintena, asegúrate de que te realizan un electrocardiograma en reposo (básico para descartar muchos de los problemas cardiovasculares que pueden desembocar en una muerte súbita).
La valoración del riesgo cardiovascular
”Importantísima”, afirma el Dr. Naranjo, “sobre todo si hablamos de personas que van a practicar deporte por primera vez”. Teniendo en cuenta factores como la edad, el peso, el IMC, los niveles de colesterol y glucemia o la presión arterial, el especialista te asignará un estrato de riesgo, que determinará las probabilidades de que sufras problemas cardiovasculares. Si no tienes análisis de sangre recientes, no te quedará otra que hacerte uno, como mínimo, de colesterol y glucemia.
El examen del aparato locomotor
Debería incluir una valoración de la posición del raquis (para descartar desviaciones u otras patologías), y un análisis del nivel de las caderas y de la longitud de los medios. El especialista también debería poner a prueba nuestra movilidad articular (caderas, rodillas, codos…), nuestra flexibilidad, y nuestro balance muscular (para comprobar si sufrimos, por ejemplo, pérdidas de fuerza).
La prescripción
Una vez recabada y analizada la información, pueden suceder dos cosas:
- En el peor de los casos, es decir, si el médico del deporte ha detectado algún problema, será él mismo el encargado de hacernos una prescripción de ejercicios que se ajuste a nuestros objetivos y minimice los riesgos.
-Si el especialista descarta patologías o factores de riesgo, será el monitor (sin descartar alguna indicación del médico del deporte) quien se encargue de diseñarnos la rutina.
Como la ITV
Aunque hayas superado la revisión con nota, no te relajes. Piensa que, si quieres hacer las cosas bien, dentro de dos años te espera otro control médico. Un chequeo que, si hay antecedentes de problemas cardiovasculares o hemos superado los 45 años, debería convertirse en anual.
¿Qué son las proteínas?
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Diciembre 7th, 2009
Moléculas orgánicas de gran tamaño que están formadas por largas cadenas de unos compuestos químicos denominados aminoácidos. Éstos pueden combinarse en cualquier orden y repetirse de cualquier forma. Teniendo en cuenta que una proteína media está formada por entre 100 y 200 aminoácidos, el número de posibles combinaciones resultante es enorme. En lo que se refiere a las proteínas humanas, están formadas por 20 aminoácidos, de los que 8 son esenciales. Nuestro organismo no puede formar por sí mismo estos últimos, por lo que es necesario obtenerlas diariamente a través de los alimentos.
¿Cómo funcionan?
Cada especie animal o vegetal está formada por su propio tipo de proteínas, incompatibles con las de otras especies. Lo que provoca que nuestro organismo no sea capaz de asimilar directamente las proteínas que obtiene de los alimentos. Para poder absorberlas y utilizarlas, es necesario que durante la digestión, y de la mano de diversos enzimas y jugos gástricos, las descomponga previamente en sus componentes más sencillos, los aminoácidos. Una vez hecho esto, dichos elementos básicos pasan a la sangre y se distribuyen por los tejidos. Es ahí donde se combinan con otros aminoácidos procedentes de proteínas que se han ido degradando y forman otras nuevas, de un tipo o de otro según las necesidades del momento.
¿Para qué sirven?
Sin ellas, nuestra musculatura no existiría. Sin embargo, ésta es sólo una de las muchas e importantes tareas que ejercen. Si tenemos en cuenta que el término proteína proviene del griego proteios que significa primario, lo más antiguo, lo primero, podemos hacernos ya una idea de la gran relevancia que tienen para nuestro organismo. Se podría decir que sirven para casi todo, pues están presentes en la mayoría de las funciones vitales del cuerpo: son necesarias para la formación y reparación de los tejidos.
Además de los músculos, proporcionan los materiales que constituyen los huesos, glándulas, órganos internos, así como también la piel, el cabello y las uñas. La contracción muscular, la protección inmunológica y la transmisión de los impulsos nerviosos dependen de ellas. Retrasan el envejecimiento del cuerpo y también pueden actuar como fuente de energía cuando los carbohidratos y las grasas escasean.
¿Dónde encontramos proteínas?
Al ser un elemento constitutivo de toda célula viviente, se encuentran en todos los tejidos y en casi todos los alimentos. Lo que varía, eso sí, es su concentración y su naturaleza. Según ésta, podemos establecer dos grandes fuentes de proteínas: las de origen animal (carne, pescado, huevos y lácteos) y las de origen vegetal (cereales, legumbres y frutos secos).
¿Son todas iguales?
No, las hay de mayor y de menor calidad. Depende de que la proteína contenga o no los aminoácidos esenciales y en qué proporción. Basta con que falte un solo aminoácido para que la calidad baje en picado, puesto que para que tu organismo pueda formar sus proteínas es preciso que disponga de todos y cada uno de los componentes esenciales. Además, el aumento de un aminoácido no compensa la ausencia de otro. Por este motivo y salvo alguna excepción como la de la soja, las proteínas animales se consideran de mejor calidad que las de origen vegetal.
Además de la calidad de la proteína, hay que tener en cuenta si ésta puede ser aprovechada por tu cuerpo. No todas las proteínas que obtenemos a través de los alimentos se digieren de la misma forma. Por ejemplo, la soja, a pesar de tener menor valor biológico que otros alimentos de origen animal, tienen un aporte proteico neto mayor pues nuestro sistema digestivo asimila mejor sus proteínas.
¿Animales o vegetales?
En principio, y exceptuando la soja, el hecho de que las proteínas animales sean de una mayor calidad que las de origen vegetal puede hacernos decantar por ellas. Craso error. Recuerda que las primeras suelen ir acompañadas de grasas, en su mayor parte saturadas, lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Frente a ellas, las vegetales contienen menos sustancias tóxicas, sobrecargan menos el hígado y los riñones, son fáciles de digerir y su contenido de grasas saturadas y de colesterol es escaso o nulo. En cualquier caso, una dieta equilibrada debe incluir ambas. Lo ideal es que dos tercios de las proteínas que consumimos sean de origen vegetal y la tercera parte, animal.
¿Cuántas necesitamos proteínas?
La cantidad de proteínas que necesita cada uno viene determinada por varios factores, como la edad, la salud de nuestro intestino y de nuestros riñones, etc… elementos que, en definitiva, varían el grado de asimilación.
Según la OMS, un hombre adulto necesita a diario unos 0,8 g por kilo de peso corporal. Esta cifra es muy inferior a las que se barajaban hace algunos años; de hecho, en las dos últimos décadas, las cantidades de proteínas recomendadas se han reducido a la mitad.
Los deportistas que se someten a un duro programa de entrenamiento necesitan una mayor cantidad de proteínas que aquéllos que llevan una vida sedentaria. Sin embargo, la diferencia entre las necesidades proteicas de ambos no es tan grande como se acostumbra a creer. Según diferentes estudios, la cantidad recomendada para los que practican deportes de resistencia aeróbica se sitúa entre los 1,2 y 1,4 gramos por kilo y día, y aumenta ligeramente para aquéllos que tienen un gasto energético extremo, como los maratonianos.
Estas cantidades se cubren con una dieta equilibrada sin tener que recurrir a suplementos alimenticios. Por lo general, un deportista necesita un mayor número de calorías, por lo que come más cantidad. Ese aumento es más que suficiente para aportar las necesidades extra de proteínas.
Carencia de proteínas
Cuando el cuerpo no recibe diariamente las proteínas que necesita, las busca en sus propios tejidos, lo que provoca una pérdida de masa muscular.
Te fatigas antes, física y mentalmente.
El sistema inmunológico se resiente y eres más vulnerable a las infecciones.
Se reduce la capacidad de eliminar productos de desecho, caso de los radicales libres, causantes del envejecimiento.
Los procesos metabólicos se ralentizan.
Exceso de proteínas
El exceso de proteínas se quema en las células para producir energía. Pero a diferencia de los hidratos de carbono, su combustión es más compleja y produce residuos metabólicos, como el amoniaco, que son tóxicos para el organismo.
Sobrecargas de trabajo al hígado y los riñones, con el riesgo de que aparezcan problemas en ambos.
Puede provocar una descalcificación osea, que acabe con una osteoporosis.
El estómago segrega una excesiva cantidad de ácido.
Puede sufrirse deshidratación debido a una excesiva pérdida de líquidos.
Aumenta el calor corporal.
El organismo sufre un envejecimiento prematuro.
Puede dar origen a diversas enfermedades del hígado, arterias y articulaciones, y a cáncer de colon.
El aliento deja de ser precisamente fresco y agradable, y adquiere un olor similar al del amoniaco.
Y, a largo plazo, provoca cansancio y decaimiento.
Una mínima deshidratación puede causar pérdidas de atención y memoria
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Octubre 15th, 2009
Que mantenerse hidratado es importante para nuestra salud no es ninguna novedad, pero que la cantidad de líquidos que ingerimos pueda estar relacionada con nuestra capacidad de prestar atención y recordar sí.
Según el estudio «Hidratación y Rendimiento Cognitivo», dirigido por el catedrático de la Conducta de la Universidad de Oviedo José Antonio Flórez, el rendimiento mental disminuye significativamente cuando los niveles de deshidratación alcanzan el 2 por ciento del peso corporal, aunque empiezan a notarse a partir de pérdidas del 1 por ciento. Incluso en situaciones de deshidratación leve, ciertas habilidades cognitivas como la atención y la memoria a corto plazo pueden verse afectadas inmediatamente. Pero cuanto mayor es la falta de líquidos en nuestro cuerpo más disminuyen estas capacidades mentales.

Ante el inicio del curso universitario, el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS), según un comunicado difundido hoy, ha puesto en marcha una campaña de concienciación sobre la importancia de la hidratación en el rendimiento cognitivo, en la que se enmarca esta investigación.
La hidratación influye en procesos fisiológicos básicos y también en la función cerebral. Tomar decisiones, estudiar, hacer un examen, leer un libro, redactar un informe, llevar la contabilidad, desarrollar un trabajo que requiere esfuerzo físico, decidir a qué compañero se le pasa el balón en un partido de baloncesto o recordar la lista de la compra cuando se tiene más de 70 años, son ejemplos de acciones que pueden verse afectadas por una falta de hidratación. Está demostrado que una ingesta adecuada de líquidos está relacionada con el mantenimiento del rendimiento cognitivo, más aún en situaciones que requieren un esfuerzo mental intenso.
Conforme avanza el tiempo y el nivel de deshidratación, se detecta un mayor descenso de las habilidades psicomotoras. La pérdida del equilibrio hídrico también guarda relación con un incremento de la fatiga, cansancio, disminución del rendimiento, dificultad visual, pérdida de memoria a corto y largo plazo, disminución de la atención, pérdida de habilidad aritmética e incremento del tiempo de respuesta ante estímulos visuales, entre otras cosas. Además, la ausencia de una correcta hidratación afecta a la coordinación motora, el tiempo de reacción y la discriminación perceptiva.

Ante una situación de esfuerzo mental intenso, el OHS recomienda:
- Beber de dos a tres litros al día incluyendo además de agua, infusiones, refrescos, zumos, lácteos, caldos, etc.
-Tener a mano una botella de la bebida favorita que facilite beber regularmente.
-Buscar una postura correcta y un lugar con luz y ventilación adecuadas, descansando periódicamente para evitar el agotamiento.
-En trabajos que además requieran esfuerzo físico a altas temperaturas, beber 250 ml cada 20 minutos para prevenir accidentes laborales.
-Prestar atención a las personas mayores ya que les cuesta beber y la falta de líquidos puede afectar a su memoria y, en casos severos, producir delirio.
-Asegurar la adecuada hidratación de los deportistas, especialmente en condiciones de juego complejas donde la deshidratación puede aumentar el tiempo de toma de decisiones y reducir la capacidad de reacción
¿Qué debe tener un botiquín como mínimo?
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Septiembre 11th, 2009
El botiquín es el lugar idóneo para guardar los diversos materiales utilizados en curas de primeros auxilios, pero sus características y contenido dependen del uso (hogar, vehículo, etc.) y de la capacidad de la persona que lo va a usar.
Como hemos visto a lo largo del curso, poco es lo que vamos a necesitar, por lo que seguiremos unas pautas generales y nos referiremos a un botiquín para el hogar por ser este similar a los demás (salvo ligeras adaptaciones).

Para evitar que se alteren los medicamentos, debe procurarse que las botellas y cajitas estén bien cerradas y guardadas en sitio seco, fresco y oscuro. No deben guardarse el resto de los medicamentos usados en una enfermedad, a no ser que así lo aconseje el médico.
Desechar del botiquín los medicamentos antiguos y los que hayan cambiado el color o su consistencia o aparezcan turbios. En especial desechar el antiguo yodo, gotas para los ojos (colirios), soluciones para el lavado de ojos, gotas para la nariz, jarabes para resfriados y pomadas.
Equipe ahora su botiquín, antes de que lo necesite y no mezcle en él otros artículos de tocador o higiene. En el botiquín todo ha de estar ordenado y etiquetado y le aconsejamos que incluya en él una lista de los teléfonos de urgencia de su zona.
El botiquín no ha de tener cerradura, para evitar la angustia de buscar la llave cuando los minutos cuentan. Hay que colocarlo, eso sí, fuera del alcance de los niños.
CONTENIDO
Vendas 5 m. x 5 cm.
Vendas 5 m. x 10 cm.
Vendaje triangular.
Compresas oculares.
Compresas de gas estéril pequeñas.
Compresas de gasa grandes 50 x 100
Compresas no adherentes.
Venda elástica.
Esparadrapo.
Tiras adhesivas.
Algodón.
Tijeras, pinzas, imperdibles.
Entablillado.
Alcohol de 90º
Aspirina o similar
Jeringas estériles de un solo uso
Smart (cinta de goma)
Termómetro
Bicarbonato
Compresa fría instantánea
Tubo de vaselina.
Tintura de yodo (Betadine)
Mercurocromo, tintura de mertiolato o similar
Agua oxigenada(*), Benzalc o solución antiséptica similar
(*) El agua oxigenada crea problemas en los botiquines portátiles. Es preferible una solución antiséptica como la recomendada.
Otros componentes
Jabón antiséptico.
Hemostático, tópico.
Analgésico, solución tópica
Solución lavado ocular
Licor amoniacal aromático o similar
Torniquete
Magnesia.
No los recomendamos pero ahí están siempre:
Pomada quemaduras
Pomada heridas
Pomada oftálmica
El a, b, c… de los primeros auxilios
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Julio 10th, 2009
Para entender mejor el por qué es necesaria una determinada maniobra asistencial ante un enfermo o lesionado, es necesario tener un buen conocimiento de la compleja maquinaria denominada cuerpo humano que, como máquina que es, está compuesta de diferentes órganos, sistemas y aparatos.
Conociendo convenientemente su funcionamiento, nos ayudará a comprender el sistema de “reparación” que utilizaremos o la forma de tratar, movilizar o transportar a un lesionado.

En esta guía de Primeros Auxilios se estudian con sencillez sólo los sistemas vitales (consciencia, respiración y circulación) con unas nociones básicas sobre traumatismos y otras lesiones que afectan al cuerpo humano. Además se estudia el manejo de heridos y lesionados. Conocimientos suficientes para conseguir el objetivo: procurar no agravar el estado de la persona enferma o lesionada hasta que los equipos asistenciales completen nuestra labor.
Estos conocimientos bien asimilados son la base del siguiente escalón: el Socorrismo, donde estas personas, los socorristas, aprenden otras técnicas más amplias encaminadas a procurar mantener con vida a la persona afectada hasta que un facultativo complete la labor. No obstante, en este manual, pese a su sencillez, se han incluido, de modo elemental, técnicas y pautas de los socorristas ya que va dedicado a personas y colectivos que por su trabajo o cometido, seguramente, serán los primeros en entrar en contacto con las posibles víctimas.
Además, para la ordenación y estudio de los temas, hemos aplicado la teoría de que las labores se realizan en el mismo orden en que se aprendieron. Esta es la razón por la cual no nos cansaremos de repetir una y otra vez que siempre ha de evaluarse la consciencia, la respiración y el pulso o la circulación (con control de las hemorragias agudas) en este orden, ya que la más importante de las funciones vitales es la oxigenación de las células, sobre todo las del encéfalo, mediante la respiración y la circulación de la sangre, cuya técnica sustitutoria, en caso de fallo de estos sistemas naturales, es la reanimación (pulmonar, cardíaca o cardiopulmonar).
Por tanto, las distintas etapas del socorrismo deben estar basadas en la aplicación de las diversas técnicas de resucitación:
| Básica: | Boca a boca. | Población y Socorrista |
| Avanzada: | Cánula orofaríngea. Balón. Oxígeno. Aspirador. |
Personal de Ambulancia Asistencial Medicalizable |
| Instrumentalizada: | Intubación esofágica o endotraqueal. Instrumental. |
Técnico Sanitario |
| Monitorizada: | Desfibrilador. Marcapasos. Respiración asistida. |
Personal Facultativo |
Pues bien, en este primer escalón de la enseñanza asistencial es totalmente imprescindible conocer el cuerpo humano; la localización de los órganos y de los vasos sanguíneos más importantes; los ritmos habituales del pulso y respiración, así como la localización de los distintos puntos donde tomar los pulsos, contener hemorragias, localizar la zona exacta de masaje cardíaco, etc. Todo ello lo estudiaremos a continuación.
RCP. Reanimación cardio pulmonar
Escrito por Ray en Cosas que recordar el Julio 10th, 2009
Consiste en la exploración de las constantes vitales con el único fin de detectar su presencia, sin entretenernos en cuantificar. Se realizará siempre de manera rápida y sistemática, siguiendo estos pasos:
CONSCIENCIA: Para evaluar la consciencia se preguntará a la víctima si nos escucha y cómo se encuentra, a la vez que la sacudimos ligeramente los hombros o se la pellizca en la cara (A.V.D.N.). No sólo buscaremos que el paciente nos dé una respuesta verbal sino que podemos esperar cualquier movimiento de defensa del tipo de apertura o cierre de ojos, retirada de la cara o manos ante pellizcos, etc…
Si la víctima responde, pasaremos a realizar la valoración secundaria; si, por el contrario, no percibimos ninguna respuesta consideraremos a la víctima inconsciente, avisaremos a una ambulancia asistencial y/o a un facultativo y pasaremos a prepararnos para la evaluación de la respiración. Recordad que a una persona inconsciente como consecuencia de un golpe (traumatismo) siempre se la supondrá y tratará como si tuviera lesión en la columna vertebral, tratando y movilizando el eje cabeza, cuello y tronco como un solo bloque.

PREPARACIÓN: Nos colocaremos a la altura de los hombros, quitaremos la ropa que nos moleste del pecho de la víctima (¡atención con los sujetadores que tienen aros metálicos!); aflojaremos corbata y cinturón, retiramos cadenas o collares y colocaremos a la víctima tumbada sobre un plano duro en decúbito supino (boca arriba) con los brazos a lo largo del cuerpo.
RESPIRACIÓN: La evaluaremos acercando un lateral de nuestra cara a la boca y nariz de la víctima mientras que miramos su pecho y abdomen. Buscamos con esto oír y/o sentir en nuestra mejilla la entrada y salida del aire de la víctima, a la vez que nos permite ver y observar el movimiento respiratorio del tórax y abdomen.

En caso de no sentir la respiración, observaremos que la boca y faringe estén libres de objetos que puedan obstruir las vías aéreas (dentaduras, chicles, caramelos, flemas, vómitos, etc.), liberaremos la base de la lengua que también puede obstruir el paso del aire por la faringe. Para ello pondremos una mano en la frente, que empujará hacia abajo, y la otra en la nuca, que tirará hacia arriba, consiguiendo así estirar el cuello elevando la mandíbula y con ella la base de la lengua, volviendo de nuevo a comprobar la respiración. Esta maniobra es conocida como hiperextensión.
Si la respiración existe, giraremos su cabeza hacia un lado y pasaremos a realizar la valoración secundaria; si, por el contrario, la respiración no está presente realizaremos 2 insuflaciones seguidas (boca a boca) y a continuación valoraremos el pulso.
BOCA A BOCA: Consiste en introducir en los pulmones de la víctima el aire contenido en nuestra boca, faringe, laringe, tráquea y bronquios antes de que quede viciado por nuestra propia respiración; es decir: el aire que aún no ha sufrido el total intercambio gaseoso en nuestros pulmones.
Para ello, manteniendo el cuello de la víctima en extensión, pegaremos nuestros labios herméticamente alrededor de la boca de la víctima mientras pinzamos su nariz con los dedos índice y pulgar de la mano que mantenemos en la frente; le insuflaremos el aire con fuerza moderada durante no más de dos segundos a la vez que miramos su tórax y abdomen y nos aseguramos de que lo que sube es el tórax. Esta fuerza debe ser muy controlada en el caso de que el paciente sea un niño y más aún en el caso de lactantes.
No retirar la mano de la nuca; si lo hacemos porque la boca está firmemente cerrada y es preciso abrirla (ver figura anterior) no la apoyeis en la garganta pues impediría la entrada del aire.
Si al insuflar vemos subir el abdomen es síntoma de que el aire pasa al estómago en vez de los pulmones; en este caso corregiremos la postura de la cabeza realizando de nuevo la hiperextensión del cuello o comprobando de nuevo la cavidad de la boca y faringe para detectar que la lengua o cuerpos extraños impidan la entrada de aire en los pulmones. Si esto es lo que ocurre, realizaremos la maniobra de desobstrucción.

PULSO: El pulso vamos a localizarle en cualquiera de las arterias carótidas situadas en el cuello a ambos lados de la nuez. Para ello utilizaremos 2 ó 3 dedos (nunca el pulgar) de la mano que teníamos en la nuca, que la haremos resbalar por cualquiera de los laterales de la tráquea (mejor por el lado opuesto a nosotros) hasta la depresión existente entre ésta y los músculos externo-cleido-mastoideos, presionando hacia la nuez. Si sentimos el pulso seguiremos realizando el boca a boca a ritmo de 1 insuflación cada 5 segundos; si, por el contrario, la víctima carece de pulso NO golpearemos el tórax con el puño y comenzaremos el masaje cardíaco externo.

MASAJE CARDIACO EXTERNO: Consiste en comprimir el corazón entre el esternón y la columna vertebral cargando nuestro peso sobre el tercio inferior del esternón de la víctima. Para localizar este punto con exactitud seguiremos con los dedos de una de nuestras manos el borde inferior de las costillas en dirección al esternón, y en la zona central del pecho chocaremos con la punta cartilaginosa del esternón (apófisis xifoides); en este punto pondremos 2 o 3 dedos de la otra mano en dirección a la cabeza y en este nuevo punto colocaremos el talón de la primera mano. Esta es la zona donde realizaremos las compresiones, quedando completamente desnuda y especialmente si existen sujetadores con aros metálicos; ello implica actuar con respeto a la intimidad del sujeto.

Para ello, sin apoyar ni la palma de la mano ni los dedos sobre la víctima, pondremos la otra mano sobre la primera (mejor entrelazando los dedos) y con los brazos rectos y perpendiculares al pecho de la víctima dejaremos caer nuestro peso con el fin de hacer descender el tórax unos centímetros(1).
Las compresiones serán secas y rítmicas (contaremos …y uno… y dos… y tres… etc.), en numero de 15, posteriormente volveremos a dar dos insuflaciones rápidas y de nuevo 15 masajes externos.
- Cada conjunto de 2 insuflaciones y 15 masajes se denomina ciclo de reanimación con un socorrista.
- Si son dos los reanimadores, el ciclo es de 1 insuflación y 5 masajes.
- Consideraremos secuencia al conjunto de 4 ciclos completos de reanimación.

(1) ATENCION: No todas las personas tienen la misma consistencia en sus costillas por lo cual se recomienda hacer rápidamente una o dos presiones de tanteo para precisar la “dureza” del recorrido muerto y saber exactamente dónde comienza la verdadera presión sobre el músculo cardíaco.

- FINALIZACIÓN DE LA REANIMACIÓN: Al finalizar cada secuencia volveremos a valorar si el pulso está presente. Si no hay pulso seguiremos realizando secuencias hasta que retorne. Cuando el pulso retorne volveremos a valorar la respiración actuando como se ha descrito anteriormente.

Daremos por finalizada la resucitación…
… cuando otra persona nos sustituya (otro socorrista, personal de ambulancia asistencial, médico, etc.)
… cuando un médico certifique el fallecimiento de la víctima
… cuando recupere las constantes vitales o
… cuando estemos agotados y no podamos continuar con la reanimación.
